1. Cala Cap Blanc

Situada en el extremo sur del municipio, rozando el término de Benissa, esta cala es uno de los secretos mejor guardados y más salvajes de Moraira. Se trata de una zona rústica flanqueada por acantilados altos desde los que se divisa una panorámica impresionante del Peñón de Ifach. El acceso a pie requiere descender por una escalinata empinada, lo que frena la llegada del turismo masivo. Su fondo es puramente de roca y pasillos de arena profunda, lo que otorga al agua una transparencia brutal. Es un spot magnífico para los amantes del snorkel y para iniciar una ruta exigente en kayak bordeando los acantilados hacia el sur.

2. Cala Llebeig

Ubicada en la frontera entre Moraira y Benitachell, la Cala Llebeig es un auténtico viaje en el tiempo. Esta cala salvaje se encuentra en la desembocadura del Barranco de la Gata y destaca por las antiguas construcciones de piedra que los pescadores locales utilizaban para refugiarse del temporal. El acceso por tierra se realiza a través de rutas de senderismo largas, por lo que llegar a ella por vía marítima en kayak o paddle surf desde El Portet es la mejor opción. Estar allí, rodeado de paredes de piedra verticales y con las casitas de pescadores al fondo, ofrece una sensación de aislamiento absoluto.

3. Cala l’Andragó

Aunque es una de las calas más conocidas de la carretera costera que une Moraira con Calpe, su configuración la mantiene libre de las masificaciones de las playas de arena. L’Andragó es una gran plataforma natural de roca lisa que se adentra suavemente en el mar, funcionando como un mirador y un trampolín perfecto hacia unas aguas increíblemente limpias y habitadas por una gran biodiversidad marina. Sus condiciones de agua profunda y calma la convierten en un lugar muy cómodo para depositar la tabla de Stand Up Paddle en el agua y comenzar a explorar los entrantes rocosos del litoral.

4. Cala Portitxol

No debe confundirse con la famosa cala del mismo nombre situada en Jávea. En Moraira, la Cala Portitxol es una microcala casi invisible que se encuentra escondida bajo los acantilados del Cap d’Or, muy cerca de la famosa Playa del Portet. Es una de las calas más pequeñas y solitarias de la comarca, compuesta por piedras blancas y rodeada de naturaleza autóctona. Debido a su tamaño y ubicación resguardada, entrar en ella paleando en una tabla de paddle surf inflable te da la sensación de estar en una playa privada, con un mar plano que parece una piscina reflectante.

5. Les Platgetes (Zona de Roca)

Les Platgetes son dos pequeñas calas unidas que combinan una zona de arena fina con amplios tramos de roca y canales naturales tallados por el mar. Mientras que la mayoría de los visitantes se concentran en el área arenosa, los canales de roca y los islotes bajos que se forman a los lados son un terreno de exploración magnífico para los deportes de remo. Navegar en kayak sorteando estas formaciones rocosas permite descubrir pequeños rincones donde el agua apenas cubre, ideales para detenerse, dejar el equipo a flote y disfrutar de un baño tranquilo en un entorno rústico.